Nadie sabe con certeza cuántos migrantes integran la caravana que salió el pasado lunes de Tapachula, junto a la frontera con Guatemala; los convocantes hablan de más de 15.000, las autoridades migratorias mexicanas lo rebajan a 7.000.
Probablemente nunca tengamos una respuesta precisa ya que, en este tipo de éxodos, los caminos de sus protagonistas se suelen dividir en algún punto de la extenuante ruta. En lo que todos coinciden es que este grupo de migrantes, que ha emprendido su viaje coincidiendo con la inauguración de la Cumbre de las Américas, es el más numeroso que se recuerda.
Con la esperanza de llamar la atención de los líderes regionales reunidos en Los Ángeles, la marea humana avanza lenta, pero decididamente, hacia la frontera con EEUU, a más de 3.000 km de distancia. Dejan atrás Tapachula, una ciudad convertida en una suerte de 'cárcel' para miles de migrantes obligados a esperar durante varios meses la resolución de sus permisos de tránsito. Se calcula que hay 35.000 varados en esta localidad de 300.000 habitantes. La urbe fronteriza se ha convertido en una olla a presión de la que salen regularmente caravanas migrantes, aunque la gran mayoría son disueltas por la fuerza por la Guardia Nacional.
En sus primeras jornadas de ruta, la caravana que desafía a la Cumbre de las Américas no ha sufrido contratiempos, pero sus organizadores desconfían de las apariencias. "Es necesario que esta crisis migratoria se atienda conforme a la ley, visas humanitarias por un año, inmediatamente, que sean válidas en territorio nacional", ha exigido Luis Rey García Villagrán, director del Centro de Dignificación Humana y convocante de la movilización, en declaraciones a Efe. Según ha detallado el activista, en el grupo viajan más de 5.000 familias, 93 mujeres embarazadas y 3.000 niños.
Cortesia: https://www.elmundo.es

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